domingo, 20 de diciembre de 2009

Adios

Alguien me dijo una vez que el tiempo lo curaba todo. Al principio me negué a creerle, pues justamente era la misma persona a la que había amado como a nadie en el mundo y, a la vez, la que me había destrozado la vida. Todo se había vuelto de color gris, el llorar se había vuelto una actividad rutinaria, el pensar que jamás saldría adelante sin él era un pensamiento constante en mi mente, el esperar que cambiara por mí era mi única esperanza para seguir viviendo. La vida no tenía sentido sin un beso o un abrazo suyo, cosas que desde hacía tiempo ya no tenía. Aunque yo no quería, las manecillas del reloj seguían adelante, el mundo seguía girando y yo estaba perdiendo mi oportunidad de vivir poco a poco. A casi nadie le importaba mis problemas, cada uno tiene los suyos propios, que ya son suficientes. El tiempo corría más y todo pasaba muy rápido. Cuando me di cuenta, había pasado un mes sin él y no me había pasado nada, seguía con mi vida adelante, intentando ser un poquito más feliz cada día. Borré todos sus recuerdos de mi habitación, de mi cuerpo, de mi mente… Le fui eliminando poco a poco de mi corazón, que cada día se iba haciendo más fuerte gracias a la ayuda de otras personas. A veces me paro a pensar el por qué pasó esto y sigo sin encontrar ninguna respuesta, quizás en un futuro la obtenga. Quiere ser mi amigo, pero yo no puedo ser amiga de una persona con la que he compartido tantas cosas y me ha traicionado de esa manera. Sé que ahora es feliz y me alegro por él. Sé que ahora tiene lo que quería. Yo ahora sé quién es. Ahora sé que tengo gente que me quiere, que me apoya, que me comprende, sé que no estoy sola y que soy más de lo que él me hacías creer. Con el paso del tiempo en estos últimos meses, me he dado cuenta de que realmente el amor que sentía me cegó. Me cegó de tal manera que era adicta a él, no podía estar sin él, él y sólo él era mi vida, y no podía ver más allá de eso. Por suerte o por desgracia esto terminó. Han pasado casi cuatro meses, y ya puedo recordar algunas cosas sin que me duelan. Cuatro años no se olvidan rápidamente, pero si se puede aprender a vivir con los recuerdos. He empezado una nueva vida, en la que él interviene lo mínimo.
Al final tenías razón, no hay mal que cien años dure (Doctor tiempo).

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